Cinco pasos para una oración de poder


Por Fernando Alexis Jiménez
Si usted le pregunta a cualquier persona, de la religión que sea, si sabe lo que es orar, le responderá que sí. Si avanza un poco más y le interroga respecto a por qué y para qué orar, es probable que comience a tartamudear y si llega al último nivel y le sondea respecto a cuánto tiempo pasa orando, lo más probable es que le dirá que muy poco o nada. “Cuando me acuerdo”, fe lo que dijeron varias personas en una encuesta que realizamos hace pocos días.
La oración es una de las prácticas que más se menciona cuando alguien habla sobre espiritualidad. Lamentablemente es muy poco lo que se practica, y más cuando se trata del pueblo cristiano. Es más, usted, ¿pasa tiempo en oración?
                Leí una reflexión de Myles Munroe que comparto con usted: “La verdadera pregunta no es si la oración es válida o no, sino más bien, ¿entendemos el arte de orar y conocemos cómo funciona? Comencemos haciendo un viaje a la tierra de la duda, deshaciéndonos del escepticismo y activando el más maravilloso poder que todo ser humano pose: el poder para influir en la tierra desde el cielo por medio de la oración”(Myles Munroe. “Entendiendo el propósito y el poder de la oración”. 2013. Whitaker House editores. Pg. 10)

Simplemente instrumentos útiles en las manos de Dios



Permita que Dios lo utilice como poderoso

instrumento en Sus manos...
Fernando Alexis Jiménez
¿
Sirve usted al Señor en la extensión del Reino? Maravilloso. Un gran privilegio. Pero ligado al primer interrogante, otro que sin duda le llevará a reflexionar: ¿Qué tipo de servidor de Cristo es usted? Lo planteo porque si hay algo está perjudicando enormemente la proclamación del evangelio, lo constituyen quienes—predicando a Cristo—dejan de lado a Cristo y son ellos quienes desean llamar la atención.

Pensemos por un instante en Juan el Bautista, en ese maravilloso relato que encontramos en Marcos 1:1-8. ¿Qué imagen tiene usted de Juan el Bautista?¿Que se trataba de un orador tremendo?¿Un líder de amplio reconocimiento que fue clave en el proceso de presentar el ministerio del Señor Jesús?¿Un líder que aprovechó su posición para lograr el reconocimiento de todas las personas? Definitivamente no.

El reto de orar a Dios

Es tiempo de emprender la búsqueda de Dios en oración

Por Fernando Alexis Jiménez

Orar a Dios constituye un verdadero reto. Y le digo que un reto porque en una sociedad como la nuestra, carente de principios y valores, el que haya alguien convencido de la respuesta a su clamor, es difícil de encontrar.

Darle el primer lugar a Dios, la mejor decisión de la familia

Dios debe reinar en nuestra familia, no hoy sino siempre
Por Fernando Alexis Jiménez

Lucía tuvo una discusión con su esposo. Una diferencia que pudo resolverse a tiempo. Fácilmente, de haber hecho un alto en el camino. No obstante, no supo cuándo detenerse. Las ofensas subieron de tono. Su esposo no respondió palabra. Simplemente salió, y nunca volvió. Los esfuerzos de la joven mujer por encontrarlo, resultaron infructuosos.

Edifique su familia a partir de principios y valores

Nuestra responsabilidad: Velar por la familia,
por su bienestar

Por Fernando Alexis Jiménez

Cierta joven con la que hablé al término de una conferencia en la Universidad, me compartió su razón para no caer en la promiscuidad sexual como había acontecido con el resto de sus compañeros. “Mis padres me formaron en principios cristianos; por ese motivo tengo muy claro que no puedo ni debo ceder a mis deseos simplemente para obtener un placer momentáneo. Cuando decida la intimidad con alguien, ese alguien será mi esposo para siempre”, dijo.
                Puede que su posición no resultara muy popular en el campus universitario, pero puedo asegurarle que no solo le evitó muchos dolores de cabeza sino que se convierte en el primer paso para construir un matrimonio sólido.

Siga a la meta, no se detenga con su familia

Dios nos permite el diálogo, la unidad y la armonía en familia
Por Fernando Alexis Jiménez

Cuando me dirijo a grupos de personas en conferencias o cuando escribo sobre los fundamentos para edificar una familia sólida, el asunto despierta interés. No he visto jamás un esposo o una esposa que desestime el asunto. Hay muchas razones. Han descubierto que tras muchos años de convivencia, la relación enfrenta dificultades y, si no se toman decisiones oportunas, amenaza con un fraccionamiento hasta llegar al divorcio.
                La separación, a su vez, trae dolor a todos: A los cónyuges en primer lugar, y a los hijos que terminan condenados a criarse en un hogar sin padres.
                Nicole descubrió que su esposo la engañó en cierta ocasión que viajó fuera de la ciudad para asistir a un congreso. Algo doloroso para ella como mujer. Los momentos de desolación fueron muchos y, a primera vista, creía que la única solución era separarse. Su perspectiva de la vida cambió cuando comenzó a buscar a Dios y orar. Fue entonces que decidió darle una nueva oportunidad a su marido, quien dicho sea de paso, en efecto evidenció cambio.
                El autor y conferencista, Gary Rosberg, escribió: “Se necesita valor para restaurar y reconstruir una relación, sin importar de qué lado de la ofensa te encuentres. Se necesita paciencia, tiempo, confianza y, en algunas ocasiones, hasta lágrimas, antes de llegar a un arreglo.” (Gary y Barbara Rosberg. “Matrimonios a prueba de divorcio”. Editorial Unilit. EE.UU. 2005. Pg. 102)

Dios nos ayuda a salvar el matrimonio

                Una vez decidimos con ayuda del Señor salvar nuestro matrimonio, el paso siguiente es—como lo hemos anotado—cimentar la relación de pareja y con los hijos sobre la solidez de los principios y valores cristianos. Y el tercer nivel hacia el cual debemos avanzar es la perseverancia. Jamás habremos terminado de trabajar en un hogar que, aspiramos, permanezca firme en el tiempo. Perseverancia, esa es la clave. 
                El apóstol Pablo escribió: No quiero decir que ya haya logrado estas cosas ni que ya haya alcanzado la perfección; pero sigo adelante a fin de hacer mía esa perfección para la cual Cristo Jesús primeramente me hizo suyo.  No, amados hermanos, no lo he logrado,*  pero me concentro únicamente en esto: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante, y así avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús. Que todos los que son espiritualmente maduros estén de acuerdo en estas cosas. Si ustedes difieren en algún punto, estoy seguro de que Dios se lo hará entender;  pero debemos aferrarnos al avance que ya hemos logrado.”(Filipenses 3:12-16. NTV)
                Recuerde que el crecimiento, y en este caso aplicado a la relación familiar, es un proceso que se afianza si vamos tomados de la mano del Señor Jesús. Si Él gobierna en casa, puedo asegurarle que no hay nada que temer… Y si surgen problemas, con su divina ayuda podremos resolverlos.
                Tenga en cuenta que edificar una familia sólida parte de una decisión: Su decisión. Y esa determinación debe permanecer en el tiempo. Si al comienzo no apreciamos los resultados que esperábamos, seguimos adelante, sin desmayar, convencidos que nada podrá detenernos, que el Señor nos asegura la victoria en las batallas, que con el paso del tiempo veremos los resultados. No se desanime. Hoy es el día para dar el primer paso en esa dirección…
                Si no ha recibido a Jesús como Señor y Salvador, hoy es el día para que lo haga. Puedo asegurarle que nuestro amado Salvador traerá cambio a su vida y a su familia…
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¡Tu familia es tu primer ministerio!

Dios nos llama a ocuparnos de nuestra familia

Por Fernando Alexis Jiménez
¿Cómo es que un ministro cristiano cuya fortaleza de enseñanza es la oración, la intercesión y la guerra espiritual, termina orientando sus esfuerzos a escribir y predicar temas sobre la familia?
            Esta es una de las preguntas frecuentes que me formulan los lectores y amigos a través de las Redes sociales, correos electrónicos o al término de alguna conferencia.
            Pero darles una respuesta no es fácil porque llegar a ese punto obedeció a un largo trasegar espiritual que me llevó a experimentar crisis, períodos de desierto, etapas de auto evaluación, búsqueda de Dios hasta finalmente, redireccionar mi desenvolvimiento ministerial.

Es tiempo de identificar y corregir errores en familia


Dios nos ayuda a encontrar armonía en las relaciones de familia
Por Fernando Alexis Jiménez

Un esposo que ejerce un adecuado liderazgo familiar, genera seguridad en su cónyuge y sienta las bases para que—al crecer—sus hijos puedan hacer frente a la sociedad en la que les tocará desenvolverse y, al mismo tiempo, establecer sus propias familias. Es una cadena. Si lideramos una familia sólida, en la que haya expresiones de amor, comprensión, tolerancia, ayuda, perdón y fe, sin duda ese mismo esquema es el que replicarán nuestros hijos en sus propios hogares, y a su vez, el patrón de comportamiento hogareño que vivirán nuestros nietos.

Redefinamos el liderazgo en familia

Con ayuda de Dios desarrollamos un adecuado liderazgo familia
Por Fernando Alexis Jiménez

Hasta hace algunos años ninguna decisión se tomaba en algunos hogares, hasta tanto estuviera el esposo. La opinión del cónyuge y padre, se respetaba. Tenía validez. Todos valoraban sus orientaciones. Tenían conciencia que su mayor preocupación era el bienestar de todos, y por ese motivo, estaban atentos a qué pudiera sugerir respecto a asuntos específicos.

                Hoy el panorama ha ido cambiando progresivamente. Lamentablemente en muchos casos el esposo es al último al que se consulta. Las esposas han asumido esa posición de liderazgo, a lo que se suma otro ingrediente: Los hijos se inclinan hacia su progenitora y respetan sus opiniones, que asocian con equilibrio y en muchos casos con sabiduría.

Apliquemos sanos principios de liderazgo familiar

Los sanos principios deben gobernar nuestra familia
Por Fernando Alexis Jiménez

Si tomamos la decisión de redefinir el concepto de liderazgo familiar, es necesario aplicar principios que orienten al cónyuge y a los hijos, que les brinden seguridad, que les ofrezcan la certeza de que sus inquietudes serán escuchadas y que nuevos motivos de intranquilidad no solo serán escuchados sino también atendidas oportunamente.

                En familia todos se sirven mutuamente. Todos son valiosos. El apoyo de unos a otros reviste importancia. Todos hacen parte de un engranaje. Si falta uno, la maquinaria dejará de funcionar.

Encuéntrele sentido a la vida


Por Fernando Alexis Jiménez

Dios nos ama. También ama a nuestra familia. En conjunto, somos muy especiales para Él. Y está dispuesto a escuchar nuestras oraciones y proveernos para las necesidades, como dicen las Escrituras: “Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta.”(Salmo 107:9)
Le invito a considerar lo que nos enseña el autor y conferencista, Charles Stanley: “Toda persona es una creación hermosa y especial, junto con necesidades y deseos particulares. Hay, no obstante, algunas necesidades que podemos llamar universales. Son cosas que todas las personas necesitan en sus vidas:
1.- Sentido de pertenencia. Todo el mundo anhela formar parte de algo. El regocijo que usted siente cuando está rodeado de familiares y amigos, es una evidencia de esta verdad. El malestar asociado con mudarse a un trabajo o una casa donde nadie le conoce, revela cuán poderosa es esta necesidad en nuestras vidas.
2.- Sentido de valía. Para todos nosotros es muy importante poder decir: “Yo soy valorado”. Sin embargo, muchas personas no están convencidas de que esto sea verdad, pues una baja autoestima les ha robado el gozo del Señor en sus vidas.
3.- Sentido de competencia personal. Necesitamos saber con certeza que podemos realizar las tareas que Dios pone delante de nosotros. La falta de confianza en su poder y su provisión en nuestras vidas, puede ser desastrosa.
Cristo respondió a cada una de estas necesidades en la cruz, y por tanto, hoy formamos parte de la familia de nuestro Padre celestial. Tenemos valor porque Jesús pagó un gran precio por nuestra salvación. Y somos competentes porque Dios ha enviado a su Santo Espíritu para habitar en nosotros y darnos poder.
Estas tres áreas, que deben ser llenadas con el poder de Dios, deben también incluir a su familia. Nuestro amado Salvador afecta positiva y transformadoramente, no solo nuestra vida sino también la de nuestro entorno en el hogar, y a todos los que forman parte de ese círculo maravilloso con el que nos ha bendecido.
La carencia de alguna de estas áreas tendrá un impacto negativo en el crecimiento espiritual del creyente. ¿Está usted luchando con alguna de ellas? Exponga sus necesidades delante del Señor hoy, y confíe en que Él le hará la persona que quiere que usted sea”.
Nuestro deseo es que usted tome la mejor decisión de su vida: Recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. No se arrepentirá.



Permita que Dios intervenga en su familia


Por Fernando Alexis Jiménez
La idea de recorrer la autopista en una vieja motocicleta, no solo asaltó a los dos abuelos sino que, tentados por la brillantez del aparato que a primera vista lucía en buenas condiciones, decidieron emprender el recorrido a toda velocidad hacia un paraje apartado, en Norteamérica.
            La brisa golpeaba sus rostros generando una sensación de placidez. Conforme aumentaban el kilometraje, el color verde de los arbustos se mezclaba con el ocre de las montañas y el asfalto que se perdía en el horizonte, como si marcharan hacia el infinito.

Libérese de toda amargura

Dios nos libera de toda amargura

Por Fernando Alexis Jiménez

Muchas de nuestras reacciones sin medir las consecuencias nos traen problemas. Aun cuando no lo queremos, muchas de nuestras actuaciones que terminan generando conflictos—en nosotros pero también en muchas personas, incluso las que más amamos: nuestra familia—pareciera que se salen de toda previsión. “No puedo controlarlo”, me escribía un joven desde Pensilvania, Estados Unidos, al referirse a sus reacciones airadas en medio de las cuales destruía todo a su paso.
            Me encontraba junto con mi esposa Lucero en un Centro Comercial cuando surgió una discusión entre una pareja, muy cerca. La joven presa de la furia tomó un vaso con café tinto y lo arrojó sobre su acompañante. “Ah, me quemaste…”, se quejó él y comenzó a limpiar su camisa. Ella salió furiosa del establecimiento.
            Minutos después, y cuando se había ido, regresó buscándolo. “¿Alguien lo ha visto?”, le preguntaba a los concurrentes.
            Un lamentable caso de ira descontrolada. No es único. Quizá usted y yo hemos vivido momentos así. ¿Por qué ocurre? Porque biológicamente el ser humano reacciona antes de procesar los pensamientos. Es algo instintivo, primario. ¿Gritó a su cónyuge para comprobar—segundos después—que no había ningún motivo?¿Castigó severamente a su hijo para darse cuenta, minutos más tarde, que no era necesario?
El obrar sin control obedece, en muchas ocasiones, a una reacción biológica descontrolada. Es la forma como percibimos todo alrededor, como escribe el especialista, Daniel Goleman: “Una investigación ha demostrado que en las primeras milésimas de segundo, durante las cuales percibimos algo, no solo comprendemos inconscientemente de qué se trata, sino que decidimos si nos gusta o no. El “inconsciente cognitivo” presenta a nuestra conciencia no solo la identidad de lo que vemos, sino una opinión sobre el particular. Nuestras emociones tienen mente propia, una mente que puede sostener puntos de vista con bastante independencia de nuestra mente racional.”(Daniel Goleman. “Inteligencia emocional”.  Editorial Zeta. 2009. México. Pg. 39)
La Buena Noticia que aprendemos en las Escrituras es que todos nosotros, por encima de la reacción biológica de nuestro organismo, podemos controlarlos. ¿De qué manera? Cuando sometemos nuestras emociones en manos de Dios.
El apóstol Pablo le escribió a los creyentes de Éfeso: Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta.  Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.”(Efesios 4:31, 32. NTV)
            Sí es posible controlarnos. No en nuestras fuerzas, por supuesto, pero sí con ayuda de Dios. Él nos permite superar esos raptos de rabia que nos conducen a locuras de las que nos arrepentimos. Hoy es el día para que se rinda a Jesucristo y le pida que tome el control de sus emociones. Puedo asegurarle que experimentará un cambio extraordinario en sus pensamientos y acciones.
            Si todavía no ha recibido al Señor Jesús como Señor y Salvador, hoy es el dìa para que tome esa decisión que tanto necesita. Le llevará de Su mano a experimentar crecimiento personal y espiritual.



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