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Conozca las cinco bendiciones que no compra el dinero

Conozca las cinco bendiciones que no compra el dinero

Si realizáramos una encuesta entre cien personas alrededor nuestro para conocer qué les haría verdaderamente felices, probablemente encontraríamos que un alto porcentaje considera que tener dinero transformaría sus vidas.

No podemos sorprendernos. Infinidad de hombres y mujeres desgastan su vida trabajando— honradamente o con deshonestidad, todo depende de los valores de cada quien— para conseguir solidez financiera. Una vez lo logran, encuentran que no tienen tiempo para disfrutarla. Por el contrario, viven sometidas al estrés y las preocupaciones que roban su paz interior.

En esa dirección, le invito a preguntarse qué le haría verdaderamente feliz. Piénselo por unos instantes. Quizá coincida con muchos hombres y mujeres que consideran el dinero como la fuente de su bienestar. ¿Sería este su caso?

El autor y conferencista, Howard Dayton, escribe:
“Es muy fácil para nosotros poner nuestra confianza en las posesiones tangibles que hemos acumulado. Yo sé que el dinero puede comprar bienes y servicios. Tiene tanto poder que es fácil que uno se engañe pensando que el dinero suple nuestras necesidades y nos ofrece seguridad. El dinero puede convertirse en nuestro primer amor. Tendemos a confiar más en lo que vemos en lugar de confiar en el Dios invisible y vivo. Es por esto que constantemente necesitamos acordarnos que hay que caminar por fe y no por vista.” (Howard Dayton. “Su dinero cuenta”. Conceptos Financieros Crown. 2006. EE.UU. Pg. 151)
Sobre esa base, ¿hay algún problema en el dinero y en poseerlo en abundancia.

¿Qué problema tiene el dinero?

Si nos preguntamos con detenimiento cuál es el problema del dinero, encontramos que poseerlo no es malo. Por el contrario, lo que convierte los recursos materiales en una enorme dificultad, es asirnos de ellas y considerarlas el principal motor de nuestra vida.

El apóstol Pablo abordó el asunto cuando escribió: “Pues el amor al dinero es la raíz de toda clase de mal; y algunas personas, en su intenso deseo por el dinero, se han desviado de la fe verdadera y se han causado muchas heridas dolorosas.” (1 Timoteo 6:10. NTV)

Si miramos qué plantean las Escrituras respecto a las riquezas, descubriremos que hombres y mujeres fueron provistos con abundancia. Luego el asunto no es la tenencia de recursos sino la utilización y confianza que depositamos en ellos.

Cinco bendiciones que su vida necesita

Si anhelamos un nivel de realización plena a nivel personal y familiar, necesitamos una buena relación con Dios, el ejercicio de una espiritualidad sana en la que experimentamos crecimiento permanente y, ligado a esto, desarrollar sólidos fundamentos y valores que nos permitan experimentar una vida gratificante.

La fortuna no nos permite disfrutar esas bendiciones si consideramos las posesiones como un fin más que un medio.

Le invito a considerar 5 bendiciones que su vida necesita y que el dinero no compra:

1.- El dinero no compra la felicidad

Cuando nuestra vida no está centrada en Dios y en disfrutar el maravilloso viaje que representa cada nuevo día, lo más probable es que no le encontremos sentido ni propósito a la existencia. A esto se suma el afán de enriquecernos, que traerá desasosiego frustración y ansiedad a cada nuevo instante, como escribió el rey Salomón:

“Los que aman el dinero nunca tendrán suficiente. ¡Qué absurdo es pensar que las riquezas traen verdadera felicidad! Cuanto más tengas, más se te acercará la gente para ayudarte a gastarlo. Por lo tanto, ¿de qué sirven las riquezas? ¡Quizás solo para ver cómo se escapan de las manos!” (Eclesiastés 5:10, 11. NTV)

La fuente de nuestra verdadera felicidad está en Dios. Él nos permite el disfrute de todo cuanto nos ha dado. Eso es lo que verdaderamente trae realización a cada nuevo día.

2.- El dinero no compra la prosperidad

¿Qué es ser próspero? Trate de definirlo con sus propias palabras, sin recurrir al diccionario o a la Internet. ¿Lo hizo? Prosperidad es tener cuanto necesitamos y disfrutarlo, sabiendo que colma nuestros requerimientos.

El apóstol Juan, escribiendo a un creyente del primer siglo, le dijo en un saludo: “Querido amigo, espero que te encuentres bien, y que estés tan saludable en cuerpo así como eres fuerte en espíritu.” (3 Juan 2. NTV)

Esa es la verdadera prosperidad. Y Dios nos prospera física y espiritualmente, como sin duda lo anhelamos.

3.- El dinero no compra una buena relación con Dios

Por mucho dinero que tengamos, algo que no se puede monetizar ni medir en términos de economía, es el cultivo de una buena relación con Dios. En la iglesia podemos diezmar, ofrendar y dar semillas de siembra, pero eso no nos garantiza ni la salvación ni intimidad con Él.

Por el contrario, y como advirtió el Señor Jesús, infinidad de personas se pierden porque aman más las riquezas y la mundanalidad: “Las semillas que cayeron entre los espinos representan a los que oyen la palabra de Dios, pero muy pronto el mensaje queda desplazado por las preocupaciones de esta vida y el atractivo de la riqueza, así que no se produce ningún fruto.” (Mateo 13:22. NTV)

Puede que usted no sea el mejor ofrendador porque lo hace conforme a sus posibilidades y no como aquellos a quienes les sobra, pero a diferencia de otras personas, quizá ha venido consolidando una buena relación con Dios, en sujeción y fidelidad a Él. Ponga a Dios en el primer lugar de su vida.

4.- El dinero no compra una espiritualidad sana

¿Cuál es el objetivo de rendir nuestra vida a Cristo? Experimentar cambio y crecimiento a nivel personal, espiritual y familiar. Son tres niveles que traen gratificación a nuestra existencia. Sin embargo, esos grados de crecimiento no se compran con dinero.

La razón es sencilla: Una tendencia del ser humano es la ingratitud. Y cuando Él nos bendice, olvidamos que fue nuestro proveedor. Es algo que el Señor advirtió a los israelitas y que pesa sobre nosotros hoy:

“Pues los haré entrar en la tierra que juré dar a sus antepasados, una tierra donde fluyen la leche y la miel. Allí llegarán a ser prósperos, comerán todo lo que quieran y engordarán. Pero comenzarán a rendir culto a otros dioses; me despreciarán y romperán mi pacto.” (Deuteronomio 31:20. NTV)

Es esencial que le pidamos a Dios la sencillez y la humildad necesarias para disfrutar cada peso que nos da, sin apartarnos de Su lado. Que por encima de cualquier posesión material, estemos sometidos en Sus manos siempre.

5.- El dinero no compra una vida sólida en principios y valores

Si queremos legar a nuestra familia y a quienes nos rodean una vida con enseñanzas prácticas, y transferirle esos patrones de pensamientos y acciones que llevan al crecimiento personal y espiritual, necesariamente debemos fundamentarnos en principios y valores. Pero esos principios y valores que trascienden el tiempo, no se compran con dinero.

En el desierto Dios advirtió al pueblo de Israel a través del profeta Moisés:

“¡Ahora escucha! En este día, te doy a elegir entre la vida y la muerte, entre la prosperidad y la calamidad. Pues hoy te ordeno que ames al Señor tu Dios y cumplas sus mandatos, decretos y ordenanzas andando en sus caminos. Si lo haces, vivirás y te multiplicarás, y el Señor tu Dios te bendecirá a ti y también a la tierra donde estás a punto de entrar y que vas a poseer.” (Deuteronomio 30:15, 16. NTV)

Lo que nos hace realmente comprometidos en la fe es vivenciar la Palabra. Llevar a la práctica principios y valores. Y esa decisión que debe permanecer, no se compra con dinero. Se afianza cuando decidimos ser fieles al Padre, a Aquél que nos provee lo que necesitamos y aún más allá de nuestros requerimientos.

Decídase a vivir sin la esclavitud al dinero

Dios conoce nuestras necesidades, y si se lo pedimos, nos provee. Es una de las enseñanzas poderosas del Señor Jesús, que cobra especial vigencia en nuestro tiempo:

“Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten. Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy.” (Mateo 6: 33 34. NTV)

Las bendiciones de Dios vienen a nuestra vida. Él las trae. Y esas bendiciones son de carácter material y espiritual. Nos provee, y aunque parezca mínimo, esa provisión traerá gratificación y alegría a nuestra vida.

Ahora, cuando esas bendiciones vienen a nuestra vida, debemos aprovecharlas sabiamente como escribió el apóstol Pablo en la carta que dirigió a los creyentes del primer siglo a través de su discípulo Timoteo:

“Enséñales a los ricos de este mundo que no sean orgullosos ni que confíen en su dinero, el cual es tan inestable. Deberían depositar su confianza en Dios, quien nos da en abundancia todo lo que necesitamos para que lo disfrutemos. Diles que usen su dinero para hacer el bien. Deberían ser ricos en buenas acciones, generosos con los que pasan necesidad y estar siempre dispuestos a compartir con otros.” (1 Timoteo 6:17-19. NTV)

Es importante transformar nuestros pensamientos en cuanto a las posesiones materiales. Reconocer que provienen de Dios, y que Él espera que hagamos adecuado uso de ellas.

Si cada peso lo administramos conforme a la voluntad de Dios, jamás nos faltará nada. Y en esa dirección debemos enseñar a todos los miembros de la familia.

Si todavía Cristo no mora en su corazón, hoy es el día para que le abra las puertas de su corazón. Recíbalo como su Señor y Salvador. Él lo llevará a experimentar crecimiento personal, espiritual y familiar. Es un proceso maravilloso que disfrutará cada día. Reciba a Jesucristo en su vida hoy, ni dilate esa decisión…


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