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¿Problemas familiares? Sométalos a Dios

¿Problemas familiares? Sométalos a Dios

La mujer que llamó a mi teléfono móvil estaba muy dolida. Hablaba doblegada por el llanto a través de la línea. Al otro lado se podía intuir, se encontraba una madre desesperada. “Mi hijo Luis es drogadicto. Su padre apenas se enteró. Yo lo sabía desde tiempo atrás, pero guardé prudencia. Hoy lo vio consumiendo marihuana en la habitación. Y lo echó de casa. ¿Qué hacer? A veces pienso morirme”, decía.

Un caso más común de lo que usted imagina. Obedece a un ciclo. Los padres no educan bien a sus hijos, les generan inseguridad y, cuando se produce la reacción apenas natural con el paso del tiempo, muchos progenitores terminan dejando a la deriva a los chicos, bien sea adolescentes o jóvenes.

¿Qué hacer? No había otra salida— como sin duda en muchos casos no la habrá— que someter el problema en manos de Dios. El muchacho durmió dos días donde una familiar y después de mucha oración, el padre entró en razón. La relación no ha mejorado, pero la madre confía que podrá encontrarse una salida al laberinto.

Más comunes de lo que imagina

Los problemas familiares son más comunes de lo que usted imagina. Roban nuestra paz interior, nos llevan a un rincón del cuadrilátero. Nos provoca tirar la toalla, renunciar a todo, darnos por vencidos.

En casos así, vale la pena recordar que en nuestro amado Dios encontramos salidas. El rey David escribió: “Él renueva mis fuerzas. Me guía por sendas correctas, y así da honra a su nombre. Aun cuando yo pase por el valle más oscuro,  no temeré, porque tú estás a mi lado. Tu vara y tu cayado me protegen y me confortan.” (Salmos 23:3, 4. NTV)

No se deje arrastrar por el desánimo. Siempre encontraremos la salida al laberinto si depositamos nuestra confianza en el Señor. Aunque el panorama luzca desalentador cuando comenzamos a orar, Él tiene todo bajo control.

Es un proceso que demanda confianza y, a la vez, perseverancia. Confiar que Dios todo lo puede, y perseverancia hasta que lo imposible se hace posible.

No pierda la esperanza

Comparto con usted algo que escribió Nick Vijucic, el afamado conferencista con limitaciones físicas que se sobrepuso a la adversidad y nos mostró que nada nos podrá derrotar, a menos que lo permitamos:
“La esperanza aparece aún en los peores momentos para probarnos la presencia de Dios.  Incluso en las peores situaciones, las que parecen estar más allá de nuestras capacidades, Dios sabe cuándo pueden soportar nuestros corazones… En los momentos más difíciles, siempre mantengo  la esperanza de que Dios me dará la fuerza necesaria para sobrellevar los desafíos y los dolores de cabeza, y que me esperan mejores días, si no es en esta tierra, entonces ten por seguro que será en el cielo.” (Nick Vujicic. “Una vida sin límites”. Editorial CEBGE. Colombia. 2013. Pg. 52, 53)
Tal vez a nivel familiar siente que toda esperanza se esfuma. ¡No se de por vencido! Su cónyuge y sus hijos valen la pena. Luche por la integración y unidad en el hogar. Nada le impida ser feliz con los suyos, que son una bendición y un tesoro que el Señor nos regaló.

¿Problemas? Claro, los encontrará siempre a su paso. No obstante cuando permitimos a Dios que ocupe el primer lugar en nuestra vida y en la familia, todo cambia. Hoy es el día para recibir a Jesucristo como Señor y Salvador.


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