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Superar el estancamiento familiar es posible con ayuda de Dios

Superar el estancamiento familiar es posible con ayuda de Dios

Si hay algo que despierta un profundo dolor es saber que una relación matrimonial está en franco detrimento. No solo por el daño emocional para los componentes de la pareja sino por la carga traumática que encierra para los hijos.

El propósito original de Dios no fue el divorcio. Jamás siquiera pasó por su mente. Por el contrario, lo que leemos en la Biblia es que nuestro amado Creador concibió una familia sólida. Si no lo hemos logrado no ha sido porque Él lo ha querido así, sino por el orgullo que nos impide reconocer que lo necesitamos ocupando un lugar privilegiado en nuestra casa.

¿Cómo evitar el deterioro del matrimonio?

Si queremos evitar que la relación conyugal entre en franco detrimento, es necesario alimentarla cada día. Se que resultará trivial que lo diga por el cúmulo de veces que se ha repetido, pero el amor hay que regarlo como a una plantita para que crezca y se mantenga firme.

Un segundo elemento son las revisiones periódicas. El propósito es identificar los errores y disponernos a corregirlos. Es algo imperativo. Si no lo hacemos, lo más probable es que la relación de los esposos irá desmoronándose hasta llegar al punto en el que la separación será inevitable.

Esas evaluaciones permiten además, sacar de nuestro corazón todo aquello que podríamos tener contra nuestra pareja. Además, disponernos a perdonarle. Comenzar de cero cada vez que logramos superar un conflicto. No guardar enconos en el corazón, que no contribuyen a nada.

El apóstol Pablo escribió al respecto: “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue”. (1 Corintios 13: 4-8)

Comprensión, tolerancia, diálogo, perdón y muchos elementos están conjugados en esta poderosa palabra que encontramos en la Escritura.

En esta dirección se orienta el consejo de Gary Chapman, afamado autor y conferencista cristiano:

“Si hemos herido a nuestro cónyuge, debemos reconocer que algo está mal y que la sola disculpa no es suficiente. También tenemos que hacer un plan para cambiar nuestra conducta con el fin de no lastimar nuevamente y de la misma manera, a la persona a quien amamos.” (Gary Chapman. Devocionales “Lenguajes del Amor”. 10/01. Tyndale House Publishers. 2012. EE.UU.)

Por supuesto, rescatar el matrimonio de la crisis en que se encuentra, amerita dos componentes. El primero, reconocer que quizá hemos fallado y tenemos mucho para aportar en las soluciones, y el segundo: pedir a Dios que nos ayude a encontrar soluciones.

Salir del estancamiento es posible

Cuando la relación conyugal se encuentra estancada, hay que sacarla de ahí. Quedarnos inermes ante la realidad, agravará las cosas. Si logramos tener la conciencia de admitir que hay dificultades, y nos disponemos a superarlas, seguramente lo lograremos con ayuda de Dios. ¡No estamos solos en esta tarea!

Evaluarnos de manera permanente, en un diálogo franco pero en el que prime el amor, traerá como consecuencia reconocer errores, las causas y la disposición de corregirlas.

Esta sana costumbre nos ayuda a corregir motivos de infidelidad, quejas del uno hacia el otro, descubrir en qué aspecto estamos fallando como esposos o quizá como padres y, de paso, edificarnos para que el matrimonio crezca cada día.

El apóstol Pablo escribió a los creyentes de Corinto y también a nosotros hoy: “Que el esposo dé a su esposa lo que le es debido; pero que la esposa haga lo mismo también a su esposo. La esposa no ejerce autoridad sobre su propio cuerpo, sino su esposo; así mismo, también, el esposo no ejerce autoridad sobre su propio cuerpo, sino su esposa. No se priven de ello el uno al otro”. (1 Corintios 7:3-5)

Por favor, le invito a leer este pasaje bíblico cuantas veces sea necesario. Puedo asegurarle que puede marcar un antes y un después en su relación conyugal. Nos puesta que los esposos se pertenecen entre sí. Son el uno para el otro, de acuerdo con el modelo de Dios.

El escritor, Gary Chapman anota que:

“El verdadero arrepentimiento comienza en el corazón. La decisión de cambiar demuestra que ya no presentamos justificación ni minimizamos nuestro comportamiento. En su lugar, aceptamos plenamente la responsabilidad de nuestros actos.” (Gary Chapman. Devocionales “Lenguajes del Amor”. 12/01. Tyndale House Publishers. 2012. EE.UU.)

Si evalúa esa apreciación con detenimiento, encontrará que es el paso inicial para que haya cambios profundos y sostenidos en la relación matrimonial.

Búsqueda de soluciones

Si reconocemos errores, si aceptamos la realidad de que las cosas no están bien y deben cambiar, y si en nuestro corazón hay conciencia de que el propósito eterno de Dios es la unidad de la familia, nos dispondremos a buscar soluciones. Es algo inherente al amor auténtico en la pareja.

Las diferencias de criterio en la pareja no deben ser motivo de disensión y de ruptura. Por el contrario, es un paso fundamental para aterrizar y entender que somos seres distintos, que pensamos y actuamos de manera diferente sin que eso implique que no podamos compartir bajo el mismo techo.

Por supuesto, las crisis del matrimonio se pueden superar y dejar de lado el aburrimiento que nos despierta la relación conyugal. Todo esto es posible cuando le permitimos a Dios obrar en nuestro hogar.

Si aún no le ha abierto las puertas de su corazón, hágalo ahora. Es una decisión de la que jamás se arrepentirá. ¡Decídase por Cristo Jesús en su vida y en su familia!


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